Joris Ivens en Chile: Bitácora de Encuentro con la Historia


Cuando nos embarcamos en la tarea de re-descubrir las relaciones que el cineasta holandés Joris Ivens realizó con Chile y su gente, a partir de su primera visita al país en el año 1963, la tarea no era menor: cientos de preguntas nos acecharon y estábamos ansiosas de encontrar la mayor cantidad de respuestas posibles.

Para llevar a cabo la desafiante misión, obtuvimos en el año 2008 el financiamiento del Fondo de Fomento del Audiovisual, en su línea de Investigación, y el patrocinio de diversas instituciones, que permitieron finalmente el nacimiento del libro Joris Ivens en Chile. ... A Valparaíso, el Documental entre la Poesía y la Crítica.

Pero no es al contenido o a las conclusiones de dicha investigación a lo que quisiera referirme en esta ocasión. Sino más bien entrar en una arista, de esas bellas aristas escondidas que tiene la historia, que escenifica muy bien el trabajo de la investigación, y la pasión que puede generar un oficio aparentemente uniforme y monótono.

Transcurrido un año de las primeras indagaciones, y ya con el trabajo bastante avanzado (fuentes y bibliografías revisadas, y varias entrevistas grabadas), en el mes de julio de 2009, gracias al financiamiento del fondo concursable para docentes de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, y al fondo ya mencionado, realizamos un viaje a Paris, Amsterdam y Nijgmegen (Holanda). La finalidad del viaje fue encontrarnos con toda la documentación que la Fundación Joris Ivens mantiene almacenada sobre el autor, visitar las bibliotecas y cinematecas de las ciudades citadas, en búsqueda de nuevos materiales, entrevistarnos con personajes importantes en la historia de Ivens (incluyendo su viuda, Marceline Loridan), y finalmente completar el rompecabezas cuyas piezas, evidentemente, no se encontraban todas en Chile.


El viaje comenzó en Holanda, en la pequeña ciudad de Nijmegen, lugar de nacimiento de Joris Ivens, donde todavía es posible encontrar su casa de infancia, recordada con una placa metálica. En la misma localidad se encuentra la sede de la fundación que lleva el nombre del cineasta, dirigida por André Stufkens, quien nos recibió en tres intensas jornadas de trabajo, facilitándonos generosamente su tiempo, el equipo a su cargo y toda la documentación archivada sobre los viajes a Chile del documentalista, la que incluía no sólo documentos y manuscritos, sino también gran cantidad de fotografías que, hasta el momento, nos había sido imposible de encontrar en Chile. La experiencia fue conmovedora.

Previo a la partida de este viaje, encontramos en Santiago una muestra de manuscritos y apuntes que Ivens dejó tras el rodaje de "... A Valparaíso". Se trata de dos carpetas repletas de anotaciones en hojas sueltas, que pudimos recuperar desde la Fundación de Imágenes en Movimiento, heredera de gran parte del material que la Cineteca de la Universidad de Chile poseía en la época previa a la dictadura chilena, y que esta última se ha preocupado de recuperar en los últimos años desde su refundación el año 2005. Conscientes que este hallazgo era de mucha importancia para el patrimonio no sólo de la Cineteca y la Universidad, sino de la historia del cine chileno, intuimos que debía haber mucho más material de esa naturaleza almacenado en alguna parte. No hay que olvidar que luego que la Cineteca fue cerrada durante la dictadura, ésta fue desmantelada y buena parte de sus archivos se perdieron para siempre[1]

Efectivamente, al otro lado del atlántico nos esperaban cajas llenas de fotografías, cartas, más anotaciones y versiones del guión que Joris Ivens utilizó para filmar … A Valparaíso. Cada sobre que abrimos se convirtió en una emoción contenida a los meses anteriores de búsqueda incesante. Fue como entonces la historia cobró vida: cientos de fotografías del rodaje y de la estadía de Ivens en Chile, se complementaban con sus apuntes y relatos garabateados en esquelas sueltas. Dos planos completos del Roland Bar, nos hicieron hasta escuchar la música, sentir el humo del cigarrillo y las instrucciones del director.


Porque esa es la fascinación de un archivo. Saborear el momento que pudo haber pasado hace mucho, pero que con cada trazo, sonido, instrucción, expresión, imagen, nos lleva de viaje al pasado que no pudimos vivir. No hablamos de objetividad y pensamientos positivistas, hablamos de la experiencia de hacer de los archivos y del patrimonio, el vehículo sustentable para conocer nuestra historia. He ahí la importancia de resguardarlo. De cuidar nuestras películas, nuestra historia fotográfica, los epistolarios, la prensa. Todo aquel vestigio que pueda contar en cien, doscientos, quinientos años más, quiénes fueron los que cimentaron la sociedad en la que vivimos actualmente. Básicamente porque es la misma humanidad que se proyecta a futuro.

Luego de la estadía en Nijmegen, dichosas del encuentro con los archivos y la generosidad del director de la Fundación Joris Ivens, André Stufkens, viajamos a Amsterdam. Ahí nos esperaba la ansiedad de visitar el Filmmuseum, su biblioteca y las bodegas donde se almacenan sus películas. Mark-Paul Meyer, curador del Filmmuseum nos recibió para darnos otro golpe de alegría. Entrando a las bodegas de la institución nos esperaban apartadas dos grupos de latas, unas en 35 mm y otras dos de 16 mm. Finalmente nos encontramos con dos películas realizadas por Ivens en Chile, pero que nunca llegaron a ser vistas en nuestras tierras. Películas que incluso se daban por perdidas: Le Petit Chapiteau (1963), realizada en 35 mm, con material filmado para … A Valparaíso, con el cameraman Patricio Guzmán Campos, y El Tren de la Victoria (1964), rodado como cortometraje documental de propaganda, de la tercera campaña de Salvador Allende a la presidencia (elección que fue ganada por Eduardo Frei Montalva). Ver esas imágenes corriendo en la moviola, confirmando cada una de las informaciones que pudimos recopilar en nuestra investigación previa en Chile, no hicieron más que confirmar la necesidad urgente de rescatar nuestro patrimonio filmográfico. Imágenes que nos pertenecen, que son nuestra historia, que fueron rodadas por incipientes realizadores que compartieron la experiencia con este holandés errante que llegó al fin del mundo, atraído por la historia social que se encaminaba. Escuchar, ver, sentir nuestra historia proyectada en una moviola a cientos de kilómetros de Santiago, fue el mayor premio de ese largo recorrido de trabajo compartido. Hay quienes optan por hacer historia a punta de actos heroicos. Nosotras que optamos esta vez por indagar en este espacio poco explorado de nuestra cinematografía nacional, nos llevamos, sin duda, el premio mayor.


Luego de esta exitosa pasada por el país que vio nacer a Ivens, no podíamos dejar de recorrer la ciudad que lo recibió como hijo propio, una vez que fue declarado persona non grata en su país, debido a su militancia comunista. Arribamos a Paris un 14 de julio (coincidencia con el día nacional no planificada, que atribuimos a que Ivens estaba de nuestro lado). Nuestro itinerario incluyó visitar la Bibliothèque du Film, en las instalaciones de la Cinematheque Francaise, para buscar referencias de la estadía y las películas de Ivens en Chile, así como también entrevistarnos con Marceline Loridan, su viuda, quien vive actualmente en la capital francesa.
Curiosa es la anécdota que Marceline Loridan se acercó por primera vez a Ivens, luego de la proyección de ... A Valparaíso, por lo que ella insistió que era poco lo que podía aportar en nuestra investigación. Aún así, fue interesante el intercambio de experiencias y conocimientos, ya que ella es la presidenta de la fundación del cineasta, y conoce como nadie su vida y obra. En Francia pudimos obtener numerosa documentación, sobretodo bibliografía y referencias de prensa sobre las películas que Ivens realizó en Chile. Muchas más de las que fue posible encontrar acá, considerando que fue sólo ... A Valparaíso la estrenada en el país. El encuentro con prensa internacional de la época, libros y autores que corroboraron la importancia del cineasta en la historia mundial del documental, no hizo más que acrecentar nuestra felicidad y orgullo por el trabajo realizado durante la investigación.

Para cerrar, quisiera repetir la idea central de esta reflexión. En primer lugar que las investigaciones requieren un tiempo de realización. Quienes han experimentado en la tarea, bien saben que desde el nacimiento de la idea, hasta la concretización de artículos o publicaciones, transcurren tiempos y espacios largos de búsqueda (que a veces parecen infructuosos), de entrevistas, lecturas, viajes, conversaciones, etc., los que van constituyendo el corpus de la investigación. Todas estas acciones van delatando muchas de las preguntas que nos acechaban ansiosas al principio. En esta tarea, el archivo resulta fundamental; es nuestro medio para conectarnos con el pasado que investigamos. El que nos entrega las pistas y el aliento para continuar la búsqueda. El que guarda y espera silencioso por nosotros para entregarnos la información que busca ser interpretada. Y hablo del archivo en toda su extensión material: escrito, visual, audiovisual, fotográfico, así como también el inmaterial: las tradiciones, las personas y sus testimonios, canciones, y todos aquellos que aún no he tenido el placer de conocer en el ejercicio de mi profesión. Por ello quisiera dejar abierta la necesidad urgente de cuidar y preservar nuestros archivos, e inclino la especificación a los archivos referentes a nuestro cine: las películas, los testimonios de sus realizadores y técnicos, los materiales del rodaje, las críticas de sus estrenos, etc. Porque nuestro cine, ignorado por tanto tiempo en su desarrollo e investigación, merece seguir siendo estudiado por nuestra y las futuras generaciones que se apasionen por él y por su historia.




[1] Dichos documentos fueron traducidos del francés al español gracias al patrocinio del Instituto Chileno Francés por Arnaud Miquel, y se encuentran almacenados en la Cineteca de la Universidad de Chile.

El presente artículo hace referencia a la investigación Joris Ivens en Chile, Tres Películas y su Legado, realizado con la profesora y documentalista Tiziana Panizza, asesorado por el cineasta Pedro Chaskel, financiado por el Fondo de Fomento del Audiovisual, patrocinado por el Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile y editado por Cuarto Propio (2010).